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SPANISH FOR JOURNALISM

¿Qué es el Periodismo sin Etiquetas?

Creemos en la imaginación sin límites y la expresión desinhibida. Compartir nuestros temas favoritos y puntos de vistas diversos con usted, de una manera interesante y respetable, es nuestro objetivo. Somos estudiantes de la Universidad de Oklahoma quienes tenemos una pasión por la escritura. Estamos guiados por nuestra profesora y editora Claudia Cavallin Calanche, quien nos provee amplitud y fortaleza para que podamos escribir en varios estilos periodísticos. Somos periodistas jóvenes de diferentes orígenes académicos, pero todos compartimos una cosa en común: hablamos inglés y español. Con estos idiomas, podemos ampliar nuestros horizontes desde las perspectivas más diversas en el mundo. Estas son las perspectivas que inspiran nuestra escritura. 

Nuestro periódico, Periodismo sin etiquetas, es una compilación de diferentes tipos de artículos acompañados por imágenes cuidadosamente seleccionadas que ilustran cada tema. El periódico consiste en noticias, crónicas, artículos de opinión y otros tipos de periodismo. Estas obras representan los tres géneros periodísticos que aprendemos durante el semestre: informativo, interpretativo y opinión, respectivamente. Siempre estamos aprendiendo la teoría detrás de varias obras y aplicándola a nuestra escritura. Este proceso dinámico caracteriza la fluidez de nuestro periódico. Cuanto más aprendemos sobre periodismo, más rápido crece nuestro periódico.

En el fondo, el Periodismo sin etiquetas sirve como una plataforma que promueve la interacción entre nosotros, los periodistas, y los lectores como usted. Las ideas expresadas en los artículos son personales y nos importan mucho. Por eso, siempre tomamos el tiempo para reflejar y comentar en las publicaciones de otros. Esperamos que usted haga lo mismo cuando lea nuestras obras. Ahora, es su turno de tener una voz. ¿Qué le gustaría contarnos?

«Debemos apoyar a las culturas latinoamericanas e indígenas a través sus palabras»

Una entrevista con el escritor y traductor Arthur Dixon

Arthur Dixon es el cofundador, traductor encabezado y editor gerente de Latin American Literature Today. Sus intereses incluyen las obras de los autores indígenas y el género literario “la crónica”. Dixon creció en Ardmore, Oklahoma, pero él asistió a la universidad de Oklahoma en Norman. Ahí, obtuvo sus licenciaturas en historia y español. Continuando su educación, él obtuvo su maestría de español en la misma universidad. Dixon es muy talentoso. Él es ganador del Tulsa Artist Fellowship y sirve como intérprete comunitario en Tulsa, Oklahoma. Él también fue el protagonista de la película Oklahoma Mon Amour. Sus obras literarias son presentadas en una variedad de revistas como Asymptote, International Poetry Review, Literary Hub, y World Literature Today. Sus traducciones incluyen a los libros Immigration: The Contest por Carlos Gámez Pérez y There Are Not So Many Stars por Isaí Moreno.


Shu Juet Tan: ¿Qué despertó inicialmente su interés en la escritura?
Arthur Dixon: ¡Buena pregunta! Incluso para mí, es muy difícil saber. Creo que siempre me he sentido atraído por la lectura y la escritura. Recuerdo que me gustaban ciertas frases de Shakespeare desde muy niño, y disfrutaba mucho de escribir ensayitos y cuentitos en la escuela primaria. Puedo decir sin ninguna duda que mi interés en la traducción nació de mi experiencia como pasante en la revista World Literature Today. Allí tuve la oportunidad de entrevistar a traductores y conocer el campo de la traducción más a fondo. También fue en esa época cuando leí por primera vez un libro que me impactó muchísimo, El viajero del siglo de Andrés Neuman, una novela que trata precisamente sobre la traducción, entre otros temas. A partir de allí, seguí disfrutando de la escritura (especialmente de textos académicos y poesía, en mi época universitaria), pero la traducción fue lo que me puso en el camino en donde me encuentro ahora. La traducción es lo que me inspiró a dedicarme profesionalmente a la literatura.

SJT: Leí en el sitio web de Oklahoma mon amour que usted es de Ardmore, OK y habla inglés con un acento británico. También usted habla español. Dígame más sobre sus antecedentes multiculturales. ¿Cómo influyen en su vida cotidiana y en su trabajo como escritor/traductor/actor?
AD: Sí, son un poco confusos mis orígenes. La gente casi siempre me pregunta “¿de dónde eres?” al escuchar mi voz, entonces tengo la respuesta medio memorizada. Ha sido una suerte de motivo en mi vida. Mis papás y mi hermana mayor emigraron de Inglaterra a la pequeña ciudad de Ardmore, Oklahoma, cerca de la frontera de Oklahoma con Texas, a finales de los ochenta. Mi papá es biólogo, y trabajó muchos años en el Samuel Roberts Noble Foundation, un instituto de ciencias agrícolas con sede en Ardmore. Yo nací y fui criado en Ardmore, pero sin embargo, toda mi vida he hablado con acento inglés —o, por lo menos, con un acento que les suena más inglés que estadounidense a la gente de aquí—. Esto nunca fue una decisión consciente, y siempre me ha confundido a mí tanto como a los demás. Como muchos ya sabrán, es más común que un hijo de inmigrantes adopte el acento de su país en vez de mantener el de sus padres. Ahora que lo pienso como adulto, creo que el hecho de que yo todavía hablo con acento inglés, después de poco menos de 28 años en Estados Unidos, tiene que ver con el prestigio que se le asigna al acento inglés en Estados Unidos. Muchos hijos de inmigrantes pierden sus acentos “extranjeros” viviendo acá, pues la sociedad los percibe como señales de un estatus social inferior. En cambio, el acento inglés es percibido aquí como señal de un estatus social inherentemente superior, de cierto exotismo, hasta de inteligencia. Creo que será por eso, subconscientemente, que yo nunca perdí la forma de hablar que heredé de mis padres. Y ahora, para complicar aún más la situación, hablo y escribo en español tanto como en inglés. Empecé a aprender español como adolescente, para poder comunicarme con mis compañeros hispanohablantes en la escuela. Después estudié español en la universidad, y tuve la buena suerte de vivir un tiempo en España y más tarde en México. Ahora me siento casi 100% bilingüe, aunque el inglés sigue siendo mi lengua materna y la que hablo con más fluidez. El bilingüismo influye en cada aspecto de mi vida; es lo que me permite dedicarme a la traducción, lo que escribo es casi siempre bilingüe, y el hecho de ser bilingüe fue una parte fundamental de mi papel en Oklahoma Mon Amour.

SJT: Vi en el sitio web de Tulsa art fellowship que usted destacó las obras de los autores de Mapuche, Wayuu y Yucatec Maya. ¿Por qué la escritura indigena le interesa particularmente? ¿Con cuál cultura indigena se siente más conectado?
AD: Como “oklahomeño” —un topónimo que me parece cada vez más necesario en español— creo que es fundamental apoyar a escritoras y escritores indígenas como una parte central de mi práctica artística como traductor y editor. Oklahoma ha sido y sigue siendo “Indian Territory”. Como una persona de raza blanca que ha vivido con mucho privilegio en este territorio, creo que es importante dedicar por lo menos una porción de mis esfuerzos a la amplificación de las voces indígenas, provenientes no sólo de Oklahoma sino de todo este continente. Es por eso que mantenemos una sección permanente en Latin American Literature Today dedicada a la literatura indígena, la cual he tenido el honor de coordinar desde sus inicios. Creo que todas las culturas y lenguas indígenas son importantes; todas merecen respeto y reconocimiento. Es esencial reconocer que el continente americano es el hogar de muchas culturas, lenguas y formas de vivir; en fin, de muchos pueblos más allá de los actuales estados nacionales productos de la colonización, y que estos pueblos siguen existiendo al lado de —o, muchas veces, a pesar de— dichos estados.

SJT: ¿Qué consejo le daría a alguien que quiera ser un escritor o traductor profesional?
AD: Parece una respuesta muy sencilla, pero mi consejo para una persona que quiere ser escritor o traductor es que escriba o traduzca. Creo que es muy fácil distraerse, hasta preocuparse, pensando en la pregunta de que si uno realmente es escritor, traductor o cualquier otra forma de artista. A fin de cuentas, hay que recordar que estas cosas no son identidades sino prácticas, cosas que hacen ciertos seres humanos. Por eso, si uno quiere ser escritor, que escriba, y si uno quiere ser traductor, que traduzca. La publicación, el reconocimiento y el éxito profesional son otra historia, por supuesto, pero estoy seguro de que muchos escritores y traductores muy buenos nunca logran ninguna de estas metas.

SJT: Dígame más sobre el Tulsa Art Fellowship. ¿Qué tipos de proyectos está trabajando bajo esta beca, y cuales son sus metas personales con respecto a este trabajo?
AD: El Tulsa Artist Fellowship es una beca otorgada a artistas de cualquier disciplina, con el apoyo del George Kaiser Family Foundation, para apoyar la creación artística y fortalecer la comunidad artística de Tulsa. Es una beca muy generosa y bastante prestigiosa, y me siento muy afortunado por haber sido seleccionado como becario. Otra becaria es Joy Harjo, la actual poeta laureada de Estados Unidos; es un honor para mí ver mi nombre listado al lado de tantos artistas respetados y talentosos. La beca me ha permitido dedicarme de lleno a la traducción literaria y a Latin American Literature Today. Como becario, busco publicar lo más que pueda en traducción y seguir desarrollando el proyecto a largo plazo que es LALT, especialmente a través de eventos y alianzas comunitarias aquí en Tulsa. Creo que es muy importante reconocer y fortalecer los vínculos literarios que existen entre América Latina y Oklahoma —que son muchos— y la beca me ha dado la oportunidad perfecta de lograr esta meta.


SJT:
¿Cómo se involucra con el papel de intérprete comunitario en Tulsa? ¿Qué significa este trabajo para usted?
AD: Empecé a trabajar como intérprete apenas llegué a Tulsa en verano de 2019. En aquel momento, aún no contaba con el Fellowship, y me inicié en la interpretación precisamente porque me parecía una buena manera de ganar algo de dinero a la vez que ponía en práctica mi bilingüismo. Sin embargo, desde entonces la interpretación se ha vuelto una pasión para mí. He tenido la oportunidad de trabajar en cárceles, hospitales, escuelas de todos niveles y tribunales tanto federales como estatales, y he tenido experiencias inolvidables interactuando con individuos en muchísimas situaciones diferentes —algunas difíciles, algunas divertidas, algunas muy felices y algunas horrorosas—. Es poco común que un traductor literario se vuelva intérprete comunitario, pero yo veo los dos oficios como casi iguales. Una persona no es menos importante ni menos complejo que un libro, y captar el significado de lo que una persona dice en otro idioma no es menos difícil que captar el significado de lo que un autor escribe en otro idioma. La traducción literaria y la interpretación comunitaria son esenciales de igual medida, para que nos entendamos a nivel cultural y a nivel personal.


SJT: Veo que usted es un cofundador de Latin American Literature Today (LALT). ¿Qué le inspiró a establecer LALT, y cómo enfrentó este proceso?
AD: Así es, fundé la revista junto con mi amigo y colega Marcelo Rioseco, que sigue trabajando como Editor General de LALT. Empezamos el proceso de crear la revista en 2015, sacamos el primer número en enero de 2017, y seguimos publicando hasta la fecha. Nuestra “casa matriz”, por así decirlo, es la organización World Literature Today, que incluye la revista del mismo nombre más Chinese Literature Today, una revista dedicada a la literatura china en traducción al inglés. Marcelo y yo platicamos la idea de hacer algo similar con literatura latinoamericana, pero en edición bilingüe, publicando textos originales junto con sus traducciones al inglés. Propusimos esta idea al equipo de WLT, y con su apoyo fuimos diseñando un sitio web con funcionalidad bilingüe y preparando los números iniciales de la revista. Hemos contado también con el apoyo y la asesoría de un equipo editorial excelente: Arturo Gutiérrez Plaza, Claudia Cavallin, George Henson y Denise Kripper han sido miembros esenciales y muy valorados de este equipo, y han hecho muchísimo para que la revista sea el referente de literatura latinoamericana que es hoy en día.


SJT: ¿Cómo es ser el traductor principal de LALT? Como un traductor profesional, ¿cómo asegura que sus traducciones capturen la emoción y el tono que un autor trata de expresar? También, ¿qué hace cuando encuentra una frase que no tiene una traducción exacta en el idioma que está intentando traducir?
AD: Desempeñarme como traductor principal de LALT es, para mí, un sueño hecho realidad. Me ha dado la oportunidad —muy poco común en este campo— de trabajar con textos de muchísimas autoras y autores diferentes, escribiendo en muchísimos géneros diferentes, y a mí me encanta esta variedad. Nunca me aburro y siempre tengo ganas de empezar la próxima traducción. En verdad, aunque me encanta traducir y lo hago casi todos los días, me resulta difícil hablar sobre la traducción; o, más bien, sobre cómo traduzco yo. No hay ninguna respuesta fácil a las preguntas (muy interesantes, por cierto) que me haces. Diría yo que las estrategias que uno adopta y las decisiones que uno toma como traductor siempre van a depender del texto en cuestión, de la emoción, el tono, o la frase específica que uno tiene que traducir. Como traductor y como intérprete, creo que uno tiene que preguntarse siempre: ¿qué diría esta persona si hablara mi idioma? Si has respondido bien esa pregunta, creo que habrás hecho una buena traducción.

SJT: ¿Cuál edición de LALT fue su favorita para trabajar? ¿Por qué?
AD: Me gustan todos nuestros números, y cada vez me gustan más, pero disfruté especialmente de trabajar en el Nro. 16. Coordiné los dos dossiers principales, sobre Elicura Chihuailaf y Andrés Neuman respectivamente. Fue un orgullo para nosotros tener a Elicura en la portada de la revista, después de que él se convirtió en el primer autor indígena en ganar el Premio Nacional de Literatura de Chile. Y como ya comenté, Andrés Neuman es uno de mis escritores favoritos, y me dio muchísimo gusto escribir sobre sus libros, entrevistar a los traductores de su ficción, y traducir algo de su poesía.

SJT: ¿Cuál es el tema de la edición 18?
AD: En el Nro. 18, además de nuestras secciones permanentes —ficción, poesía, entrevistas, literatura indígena, “On Translation”, reseñas, etc— vamos a destacar a la maravillosa poeta cubana Reina María Rodríguez, y también al poeta brasileño João Cabral de Melo Neto, quien fue el tercer autor latinoamericano en ganar el Premio Neustadt, patrocinado por la Universidad de Oklahoma y World Literature Today desde 1970. Actualmente estamos sacando una serie dedicada a todos los escritores latinoamericanos que han recibido el Neustadt, en colaboración con Daniel Simon, Editor General de WLT, haciendo uso de materiales publicados en la nueva antología Dispatches from the Republic of Letters: 50 Years of the Neustadt International Prize for Literature.


¿SJT: Por qué le gusta la crónica específicamente?
AD: El primer texto que publiqué en traducción fue una crónica —“Los santos sin nombre” del cronista colombiano Andrés Felipe Solano, que salió en WLT— y desde entonces me ha fascinado el género. Me encanta cómo cuenta la realidad a través del lente de la narrativa, y cómo involucra al autor en los hechos narrados. En estos tiempos de “fake news”, la crónica me parece especialmente atractiva como una forma de narrar lo real que reconoce directamente su propia subjetividad, el hecho de que se haya escrito desde una perspectiva particular. Además, la crónica es un género muy propio de América Latina, que ha existido en el continente básicamente desde la llegada de las lenguas europeas en una forma u otra, y por eso me parece particularmente valioso traducir crónicas del español al inglés: para que los lectores del inglés conozcan este género fundamental, y para que sus rasgos e idiosincrasias enriquezcan la lengua
inglesa.


SJT: ¿Cuál de sus artículos lo hace sentir más orgulloso? ¿Por qué?
AD: Entre los que he escrito, mi favorito es “El arte de dar la bienvenida: Andrés Neuman en traducción”, del Nro. 16 de LALT. Hablo allí sobre la experiencia de leer todos los libros de Andrés Neuman en traducción a lo largo de la cuarentena que vivimos por causa del Covid-19 en 2020, la cual fue muy significante y consoladora para mí.


SJT:
¿Cómo se involucró en la película Oklahoma Mon Amour? ¿Cómo fue representar el personaje Nico Gaertner?
AD: Carolina Rueda, la directora de la película, me invitó a participar cuando estaba viviendo en Puebla, México en 2016. Representar a Nico fue una experiencia muy interesante y reveladora; es un personaje bastante autobiográfico para mí, tengo muchas cosas en común con él, y por eso actuar en (y, ahora, ver) la película me ha dado la oportunidad de pensar en mí mismo desde una perspectiva ajena, un poco más objetiva. No soy actor profesional, no tengo ningún
entrenamiento actoral ni cinematográfico; por eso también me impresionó muchísimo ver “en vivo” el trabajo de Carolina, de los actores profesionales, y de los demás miembros del equipo de filmación. El trabajo de hacer una película es tremendamente delicado y colaborativo, y después de formar parte de ese proceso, aprecio mucho más el cine; siempre me ha gustado, pero ahora me siento más capaz de identificar y respetar las decisiones particulares de los cineastas.


SJT: ¿Cómo fue filmar en Oklahoma, México, Londres, y Texas? ¿Cuando no estaba ocupado filmando, qué actividades hizo en su tiempo libre?
AD: Filmar en todos los lugares de rodaje fue una experiencia fascinante. Puebla es una ciudad tremendamente hermosa y siempre me dio mucho placer pasar tiempo andando por las calles de allí con la excusa de que estábamos haciendo una película. También fue muy divertido filmar aquí en Oklahoma, en casas de amigos y colegas en Norman, y convivir con esa gente querida a lo largo de la filmación.


SJT:
¿Qué mensaje quiere que la audiencia se lleve de esta película?
AD: Más que un mensaje, quiero que el público se quede con una imagen: la imagen del sur como centro y el norte como periferia, de México como ciudad grande y Estados Unidos como pueblito. Creo que este contraste —que es perfectamente real en muchos casos, aunque esto no se reconozca en EEUU— será una gran sorpresa para muchos espectadores estadounidenses, una suerte de choque estético que tal vez les inspirará a considerar maneras más respetuosas de pensar la relación entre Estados Unidos y México, y entre Estados Unidos y el resto del mundo en general. Eso me parece algo muy valioso.

Shu Juet Tan

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